EL QUINCHO DE CHIQUITO, MÁS VIGENTE QUE NUNCA

Un 22 de agosto de 2011 nos dejó el querido Chiquito Uleriche, a ocho años de su fallecimiento su legado sigue presente en su “Templo de La Amistad”.  

La verdad que hacía un buen tiempo que no iba a comer al Quincho de Chiquito, la razón fundamental es que la última vez había vuelto un poco desilusionado, lo que se sumaba a varios comentarios negativos de algunos conocidos. Esto me molestaba bastante, el lugar es una referencia indiscutida de nuestra gastronomía y siempre fue el sitio ideal para recomendar a quienes nos visitan. Además siento un inmenso cariño por Mary (Maria Luisa Beron) a quien considero una luchadora, ella se puso al hombro el legado de un gran hombre y lo supo llevar adelante.

Por otra parte, durante Semana Santa me acerque a saludar y el sitio estaba lleno, quinchos y patio, casi no había mesas y a esto se sumaba la gran cantidad de personas que venían por sus empanadas encargadas con anticipación. «Tanta gente no puede estar equivocada», pensé. 

Un dato curioso que me sorprendió ese domingo de Semana Santa, muchos de quienes estaban a cargo de las parrillas y los discos son amigos de la casa, vienen a colaborar, a rendir tributo a esa amistad que supo cultivar Chiquito y que Mary sigue cuidando y acrecentando. 

Con estos sentimientos encontrados decidí aprovechar la visita de mis queridos primos de la ciudad de Rosario y llevarlos a conocer el lugar para disfrutar unos pescados de río. La experiencia fue de las mejores que tuve en bastante tiempo. ¿En qué cambió? En casi nada, debo reconocer que la calidad de la comida es mucho mejor, pero creo que lo principal es que aprendí que hay lugares que se valoran por lo que son, que no se pueden comparar, deben respetarse y disfrutarse. 

En cuanto a la comida, los platos estaban muy bien preparados, ricos y en su punto. Entre los varios del menú se destacan, las empanadas, la boga a la parrilla y el soufflé a la cerveza, siendo este último repetido por elección unánime. El personal, como siempre, es muy cordial y atentos a las necesidades de los comensales, prácticamente no hay que esperar y los platos llegan a la mesa con la temperatura justa y sin pausas exageradas. 

En los círculos gastronómicos escuche muchas opiniones de lo que debía, o no debía, ser este icono santafesino. Yo tengo mi propia idea de lo que debe ser, y es exactamente lo que es hoy en día.

Un comedor de pescados donde el visitante se sienta parte de algo más grande que una mesa en un restaurant, donde la historia está reflejada en cada pared, ellas son parte de esa historia. Un lugar del cual nos podamos llevar una anécdota, un grato recuerdo y el poder decirle a nuestros amigo que visitamos el “Templo de la amistad”. ¿Quién no se tomó el tiempo, antes o después de compartir la mesa, de recorrer los dos grandes quinchos llenos de testimonios de visitas que quisieron ser parte de este lugar? Imágenes, mensajes, placas, banderas, las paredes reflejan la historia santafesina y argentina, claro que hay lugares destacados, como la gran foto de Carlos Monzón junto a Alain Delon y Chiquito Uleriche, o el nuevo espacio inaugurado en 2015 celebrando el 50° Aniversario del Quincho, desde sus comienzos en la Vuelta del Pirata en 1965. La instalación homenajea a Chiquito y su culto a la amistad, donde se pueden ver objetos de uso cotidiano y algunos obsequios que atesoró, en especial objetos que hacen referencia al Campeón del Mundo, Carlos Monzón.

El «Quincho» no necesita nada más que lo que tiene, calidez, buena atención y ricos platos de pescado. ¿Se puede mejorar? Siempre se puede mejorar, pero no debe perder el alma, esa esencia que hace que los viajeros vuelvan y que los locales nos sintamos dueños, aunque sea un poquito, de la historia que vive entre sus paredes. Esta es la magia del Quincho de Chiquito, no podemos tratar de cambiarlo porque ya no sería el mismo.

Por Luis Rampazzo