Un restorán en Córdoba hace que los clientes pongan el precio de sus platos

Un nuevo emprendimiento en Alta Córdoba propone que sean los clientes los que decidan el precio de los platos que consumen.

 

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Una singular oferta la de un restaurante en Córdoba capital: que sean los clientes los que determinen el precio de los platos que acaban de consumir. ¿Cómo, no tiene precio? Tal cual, así funciona el emprendimiento gastronómico que lleva adelante un matrimonio en el barrio Alta Córdoba, tal como lo reveló el matutino Día a Día.

En una casona ubicada en ese barrio y construida en 1927, patrimonio cultural de la ciudad, Patricia Bertolotto y Junior Androver –“cocinero, marido y socio”– están decididos a vivir de lo que les encanta, donde ganar dinero sea una consecuencia más que un objetivo, y emprendieron un proyecto que amalgama todos sus hobbies: la música, la danza y la gastronomía. Así surgió en abril de 2015 La Pepa, donde funciona un bar vegetariano con opciones caseras deliciosas para paladares curiosos; una galería de arte, una sala de danzas y un escenario de shows en vivo.

La idea

Estaban perdidos en un barrio de las afueras de Berlín, Alemania. Cansados de caminar, se sentaron en un bar, un té para ella, un café para él. Cuando piden la cuenta, el mozo se acerca y les dice: “is up to you” (“depende de ti”). Nada en la carta tenía precio. Podrían haber dejado un euro o haberse ido sin pagar, pero pagaron casi el doble de lo que les hubiese costado. ¿Qué valoraron? La libertad de elegir. Lo primero que pensaron al salir de allí, y lo primero que les dijeron sus amigos cuando lo comentaron, fue: en Argentina se funden. Pero no.

Aquella idea les había quedado picando en la cabeza y, con La Pepa ya funcionando, decidieron probar. Arrancaron un sábado de septiembre, prepararon comida brasilera y esperaron. Vino una sola familia, como de ocho. Un hombre barbudo fue el que pidió la cuenta. Le señalaron el jarrón –una reliquia de porcelana con flores pintadas a mano, herencia de alguna abuela– y le dijeron: coloque allí lo que usted considera que vale o lo que pueda pagar. “El tipo la entendió al toque, dejaron un montonazo de plata”, Junior se vuelve a sorprender.

La segunda vez pasó sin pena ni gloria y la tercera explotó. Desde entonces reciben entre 40 y 50 personas todos los sábados. Viajeros y cosmopolitas, le agregaron una curiosidad extra: cada edición una comida de un país o región diferente. Cocina brasilera, árabe, hindú, italiana, mexicana, china, japonesa, española. Almuerzos del mundo sin precio.

Reciben entre 40 y 50 personas todos los sábados.

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Juego a la generosidad

Para Junior el precio es un escudo: “Te haya gustado o no, lo que yo te doy tiene un precio y lo tenés que pagar y eso me protege. Pero si vos tenés la capacidad de evaluar cuánto te gusto y en función de eso ponerle un precio, ya no tengo ese escudo y en la cocina tengo que hacer algo tan bueno, como para que vos lo valorices lo suficiente y, así, mi negocio sea sustentable”.

También es un escudo para el que está del otro lado, que se limita a poner lo que dice la carta y evita pensar cuánto vale aquello, cuanto habrá costado, cuánto está dispuesto a pagar. “El almuerzo sin precio es un juego, un juego a la generosidad”, sostiene.

A Patricia no le preocupan los vivos o ventajistas. Cree en la buena intención de la gente. “Si vos pensás que vale 100 y lo podés pagar, pero dejás 20, te vas a sentir mal vos. Nosotros no sabemos cuánto pone cada uno, no podemos juzgar”. Y en todo caso, advierte Junior, “la decisión de que esto se mantenga en el tiempo es de la gente. Si en promedio siguen aportando lo necesario para que podamos sostenerlo, así será”.

Del otro lado del mostrador, Celina vino a almorzar con su hermana y su mamá, y explica porque la avivada no tiene lugar: “A uno le dan ganas de reciprocar, porque ellos te sirven re bien y no saben cuánto les vamos a dejar, no se preocupan por eso. Hay un desapego del fruto de la acción, uno crece espiritualmente y aprende”.

También puede ocurrir que alguien deje menos de lo que considera justo porque no tiene el dinero suficiente. “Es probable que esa persona, cuando vuelva, si su situación ha mejorado, ponga un poco más”, aseguran los dueños del lugar.

Dónde es

Almuerzos del mundo sin precio, sábados al mediodía en Casa de Arte, La Pepa. Isabel la Católica al 664, Alta Córdoba. Abierto también miércoles a viernes desde las 19, sábados y domingos, desde las 9. La agenda se actualiza cada semana en su página de Facebook, La Pepa, o en su web, www.lapepa.com.ar.

Fuente: El Periodico

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